Plaza de Toros

Inicialmente todos los recintos taurinos y cosos, son más claros en la floresta que en forma de edificios; son recintos que conforman un vacío con muy limitados recursos arquitectónicos. Un muro o tapia que a modo de cerca acota un espacio y todo lo más dispone de una tapia o cerca, que a modo de manga colabora en la conducción del ganado, no es mucho más. Éste es el caso de la plaza de toros de Castaño del Robledo.

Frecuentes son las plazas en todos aquellos lugares donde existe la tradición de romería. Apoyados generalmente en una ermita encontramos muchas veces la disposición de un vacío acotado, en que como coso, en los días de fiestas y romerías, se juega con los toros. Estos puntos aislados en el campo, son puntos singulares, marcados por alguna particularidad, como puedan ser un manantial, una ermita, una costumbre de romeros o algún otro hecho.

La plaza de toros de Castaño del Robledo, situada a la entrada del pueblo por la N-435, plaza de origen inmemorial cuyos sillares y mampostería ciclópea hacen patente su carácter ancestral, que se limita a cerrar un coso en medio del campo. El camino en su cruce con otra vereda que sube a la ermita y al cementerio, dispone de un cerramiento ajustado a la topografía del terreno y la densa vegetación serrana conforma un espacio cerrado que se concreta en el coso de fiestas y juegos con el toro.

No es ajena a la tradición mediterránea la costumbre de situar los santuarios y por tanto las ermitas, en las sierras donde hay manantiales y son nacimientos de ríos, y quizás por ello la especial concentración de plazas de toros semirurales que se encuentran en las sierras de Aracena, Ronda y de Cazorla.

Texto sacado del Boletín nº 49 del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico
Título del artículo: Plazas de toros en Andalucía
Autores: Gonzalo Díaz Recasens; Verónica Llamas Rubio y Gonzalo Díaz-R. Montero de Espinosa. (Arquitectos)